Teresita es de Yolombó, como la marquesa, pero a diferencia de ella su camino de libertad y transformación lo ha creado en la ciudad. Quería ser trabajadora social, pero terminó siendo educadora; una que cambió las aulas de colegios y universidades por las galerías y las calles.

Llegó a Medellín para estudiar y nunca se fue. Se convirtió en gestora cultural  cuando el término no había sido puesto aún en los programas académicos y lo llenó de sentido buscando oportunidades nuevas para espacios y artistas de la ciudad, que amaban lo que hacían pero necesitaban volverlo productivo.

El trayecto definitivo para quedarse en Medellín lo hizo en sus veinte, pero siempre viajaba a la ciudad con su abuela a escuchar la retreta del Parque Bolívar. Sentada en la rotonda donde cada mes la música invade los rincones del parque, sonríe al decir que ese es el primer recuerdo que tiene del centro: un viaje en tren, la parada para el concierto y luego una tarde de tertulia en casa del compositor Carlos Vieco. Esas historias te hacen pensar que de alguna manera su vida iba a terminar hecha arte.

Con sus primas conoció la movida cultural, las noches de la eterna primavera y tiempo después con sus amigos, llegó a los lugares que algunos llaman marginados. En Barbacoas la conocen, aunque muchos no sepan que hace, le dicen que si es periodista y que la recuerdan porque en diciembre llega con regalos para los niños. Hablando con ella sabemos que Teresita aunque uno no sepa que hace, es más de lo que se puede imaginar, una soñadora de las posibilidades que tenemos para transformar cada uno nuestro alrededor, una apasionada de las curiosidades y la fan número uno de sus artistas.

Cuidadosa y dedicada, alguien que de la mano de algunos cómplices de fechorías ha llenado de color, con rostros y aves que te miran desde sus universos de concreto, las paredes de los lugares que parecen más grises. Conocerla es saber que uno es de todos los lugares donde pone el corazón, y que para amarlos hay que vivirlos desde el amanecer hasta la noche, en sus subidas y en sus bajadas, en el color de los cuadros y la dulzura de la música, e incluso en el gris de las calles y el misterio de los lugares