La noche entra y el Parque Bolívar se inquieta, desespera; los escalones que rodean la estatua del libertador se llenan de gente; el mismo Palomo mira de reojo para ver si ya llegó La Dani. Una niña de sonrisa encendida, la niña más paisa del mundo, le grita con saña y felicidad: ¿Hasta qué horas pueshh? Y todos ríen mientras tratan de atisbarla en lo oscuro. Dany trae el teatro ‘al hombro’ y el mundo en la mirada. ¡DE MALAS! Le reponde, ¡SE AGUANTAN! y el parque es una sola carcajada.

Dany tiene tres edades: en escena bordea los ochenta, para despertar envidias y esperanzas; en la cédula un número del que ya no quiere acordarse; la otra es la edad del juego que hace inmortales a los niños.

Después de disponer la escenografía, que cabe en una carreta mediana, levanta los telones invisibles, se presenta y arranca por ordenar su universo.

‘‘Vamos a ubicar la gente: los del poblado… de matas; los del popular; gente a la que se le cae el cabello… a este lado; habitante de calle… a este lado; gente desplazada por la violencia; venezolanos…  a este lado; vejestorios… a este lado; marihuaneros… a este lado; la gente obesa; gente que ejerce la prostitución… acá.’’ Y así, de pronto, somos todos verdad y mentira, público y coro, resumen de lo humano.

En serio y en broma, sin miedos en el tratamiento, van apareciendo los temas del maltrato infantil, la violencia de género, el asesinato, la telenovela, el desplazamiento, la ética, la injusticia y el sin sentido. Sin tapujos dice lo que otros artistas sostienen con las pinzas del miedo. Pero no se confundan, el exorcismo no detiene un segur

La verdad que duele cuando nos quedamos a solas y pensamos en el qué dirán, nos hace reir cuando viene de ella: puta, puto, desplazado, veneco, victima, victima, dolor, dolor, dolor, RISA. Dany nos cura un poco el alma restregando la herida, para limpiarla.