Jorge es como un personaje de sus cuadros, la amplía y esquiva sonrisa; las gorras y la ropa de colores, los ojos claros y un recorrer el centro con gusto y sin miedo.

Sentado en una esquina del sector de los puentes, por el viaducto del Metro, es como ver a un adivino que está ahí porque sabe que algo va a pasar. Ese es su sitio, es el lugar desde donde observa el mundo.

Para algunos el arte podría ser la interpretación de los sueños o los estados más elevados del alma y la consciencia, pero en la obra de Jorge uno se encuentra con el regalo del misterio que es la vida diaria; las historias de todos lados: de los travestis, los atracos, el interior de los inquilinatos. Su obra enamora porque llena de color y vida lo que normalmente no queremos ver, nos seduce con la parte más humana de una ciudad llena de contrastes, de dolor y de situaciones sin sentido.