Se le ve caminar de arriba abajo todo el centro, un día puede ser entre la calle La Paz o la avenida La Playa, al otro puede ser El palo o todo Junín. Bajo su brazo lleva revistas, libros y enciclopedias. Bajo su brazo lleva la vida misma. La vida condensada en imágenes y palabras. Abraxas lleva lo que van a ser los recortes que cuentan y que nos cuentan, la selección minuciosa de la historia. Abraxas Aguilar simplemente reside en el centro de la ciudad, ella lo único que habita es su cuerpo.

“Uno habita donde esté, yo vivo mi cuerpo. Para mí, el centro de Medellín significa economía de tiempo, de dinero. Evito la contaminación, o sea tengo todo el Valle de Aburrá a media cuadra… La oferta de servicios a la gente del centro por ejemplo en salud, la educación, en fin… pero Medellín ha cambiado, ya no tiene la cultura de hace 60 años atrás. De Medellín ya simplemente quedan los recuerdos, o sea que el centro para mí en un momento determinado, es ver la transmutación, la transformación, la transculturación ya que yo soy muy trans”.

Simbología, superstición, magia y transformación hacen parte de su discurso y vida, temas que no se escapan en su obra de collage.

Al hablar un poco de su vida como artista LGBTI, no podemos olvidar que antes de su transformación desempeñó cargos públicos en los que fue  la manda más y hasta se lanzó a la presidencia del País. Su profesión de toda la vida ha sido el derecho y la sigue ejerciendo de vez en cuando. Como collagera lleva casi 35 años de experiencia notable, en la que no sólo sea ha transformado ella misma sino que también su casa la convirtió en una obra de arte.

Dos gatos son los guardianes y cuidadores de ese lugar. Luz y doble cero como se llaman, acompañan a Abraxas, mientras pone cada lámina en el lugar que ella cuidadosamente otorgó para dejar un mensaje a aquellos que hoy la visitan y para los que algún día lo harán.